Pavlovich sucumbe a los caprichos de la familia Bours

Tomado de PROCESO

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HERMOSILLO, Son., (apro).- La hegemonía de la familia Bours se sobrepone al mando político y gubernamental de la mandataria Claudia Artemiza Pavlovich Arellano.
En Cajeme, hace cuatro semanas, se presentó la última muestra de esa supremacía boursista, cuando el jueves 14 de marzo fue despedido Felipe Becerra Beltrán de su encargo en la dirección del hospital de Isssteson y, sorprendentemente, reinstalado el pasado lunes 8.
Fueron 24 días de pugnas políticas y territoriales entre Ricardo Bours, hermano del exgobernador Eduardo y cuñado de Felipe Becerra, y la gobernadora Pavlovich, quien intentaba recuperar el hospital “Adolfo López Mateos” de las manos boursistas que lo tienen controlado desde finales de 2015.
La más reciente confrontación habría pasado desapercibida de no haber sido denunciada por el doctor Luis Alberto Villanueva Egan, quien redactó los pormenores en su columna dominical “A su salud”, que para ese domingo 23 de marzo la subtituló “Érase una vez en Cajeme”.
En el extenso texto difundido por el Diario del Yaqui, el experimentado galeno, originario de la Ciudad de México, describe con hilaridad su llegada a tierras sonorense con todo y sus mascotas, para luego cronicar la tragedia.
Relató las innobles condiciones del Hospital General de Cajeme, su falta de medicamentos y de lo más indispensable para atender a los pacientes, pero el nosocomio no era prioritario para la rapaz casta política sonorense.
El galeno resumió la intolerable mezquindad médica con el hecho de que el personal había improvisado dispensadores de aire con frascos de jarabes, una circunstancia muy similar a lo que documentó Apro en febrero pasado cuando en Magdalena de Kino, construyeron un “casco de oxígeno”, con garrafón de plástico, para mantener con vida a un recién nacido.
En este mar de vaivenes políticos y providenciales que pasó el doctor denunciante a lo largo de 14 meses, lo invitaron a dirigir el hospital de Isssteson, que recién habría dejado el cuñado de Ricardo Bours, lo que aceptó con alegría y con la idea lograr una mejora en los servicios médicos a ofrecer.
La ilusión duró apenas unas horas. En el primer recorrido que le ofrecían por la institución, se topó con Felipe Becerra, el director saliente, quien a bote pronto le soltó una inquietante pregunta: ¿sabes quién es mi cuñado?
La respuesta no tardó en llegar, al igual que las amenazas, y su inminente despido. Apenas inició labores el sábado 23 de marzo y para el viernes 29 ya habría sido despedido.
En esos siete días recibió todo tipo de amenazas, infidencias y maltratos, como esas que recuperó para su columna dominical: “Los juniors presionaron a la jefa para que te quitara”, “es un asunto personal, la traen contigo”, “no les ayudaste en campaña, parecías de oposición”.
Antes de publicar su acostumbrada columna también fue objetivo de advertencias en las que le recomendaron “no pelear con ellos, que son sanguinarios, que amenazan de muerte, que persiguen hasta el último aliento, incluso que asesinan o desaparecen”.
Pero el doctor Luis Alberto Villanueva Egan fue categórico: “Sé que representa un riesgo escribir estas líneas, muchos o la totalidad de ellos se sentirán identificados si la llegasen a leer, si supieran leer, pero no debo callar, el silencio es de lo que se alimenta la impunidad, la corrupción, el abuso de poder y toda la porquería que los poderosos vierten sobre la gente de bien”.
A nombre de la dignidad resaltó: “Si hemos llegado aquí es por miedo a hablar, a denunciar los abusos y los delitos que cometen los privilegiados en un sistema social terrible en injusto”. Y luego inquirió a sus lectores: ¿En manos de quién está la salud? ¿Quién decide sobre ella?
Algunas posibles respuestas a estas interrogantes se dieron con salida del familiar boursista, un abrupto despido que enfureció al grupo político denominado el “Yaqui Power”, representado por una retahíla de caciques sureños apoderados de las tierras, el agua y el comercio.
En ese grupo, el doctor Villanueva Egan destacó a Emeterio Ochoa, excandidato a la alcaldía cajemense en el anterior ejercicio electoral, quien perdió con un amplio margen de votos frente al aspirante morenista, Sergio Pablo Mariscal.
Emeterio Ochoa revivió la histórica afrenta entre los políticos del norte sonorense en contra de empresarios sureños de la entidad, cuando en su calidad de aspirante a la alcaldía de Cajeme, encumbrado desde Palacio de Gobierno, venció en una elección interna a Abel Murrieta, el entonces diputado federal con licencia, respaldado por la familia Bours, como lo documentó esta agencia noticiosa el 24 de febrero de 2018.
Al cabo de 13 meses, se logró comprobar que esa disputa fue una guerra política intestina, ahora renovada por el control del hospital Adolfo López Mateos, la compra de medicamentos y la subrogación de servicios médicos.
Eso explica la llega del cuñado boursista a Isssteson, en junio de 2006, como coordinador de Servicios Médicos Subrogados, hasta que ascendió a la dirección de este hospital en octubre de 2015.
Ricardo Bours, hermano del exgobernador Eduardo, renunció al PRI el 9 de febrero anterior, después de 41 años de militancia, con la intención de convertirse en gobernador de Sonora en la contienda electoral del 2021 bajo las siglas de otro partido o por la vía independiente.
El Isssteson es la institución que ofrece los servicios médicos a los burócratas sonorenses y enfrenta un déficit financiero de 6 mil 101 millones de pesos, derivados de malos manejos financieros en los gobiernos panistas y priistas.
A continuación, se comparte íntegra la columna del doctor Villanueva:
Érase una vez en Cajeme
El 14 de septiembre llegamos provenientes de la Ciudad de México, atravesando fronteras imaginarias y no tan imaginarias hacia nuevas realidades por construir, de esos días en que todo te sabe a Abigahil Bojórquez, con su nube de calor desértico que arrebata de golpe el aire; también llegaron Andy, Canela, Felicia y Florencia, llenando nuestra vida con sus juegos, tu ternura, sus peleas, y sus desechos.
Era un jueves de sentimientos intensos y encontrados, la aventura y la nostalgia, la tristeza y la esperanza. Un muy destacado cirujano, médico de destrezas mundialmente reconocidas, me invitó. Una clase política rancia, juniors trasnochados, beneficiados del sistema, acaudalados sin mesura, dueños de vidas y haciendas, me des invitaron.
Desde el primer día en el hospital general me percaté que se trataba de una institución arraigada en la cultura del servicio, con grandes talentos y muchas necesidades, también con graves vicios construidos a lo largo de su historia. Fueron tiempos de trabajo intenso y angustiante, de alerta máxima: cuando no faltaban los medicamentos, eran los autoclaves o el aire acondicionado. Y a pesar de eso, remamos.
No estábamos solos, batían fuerte los largos remos, salpicando augurios propicios, la nave se desplazaba impetuosa, a veces lento, entonces amigos portentosos soplaban con fuerza sobre nuestras velas pero el mal seguía adentro, enmoheciendo los muros, emponzoñando los corazones. El mal seguía ahí, tejiendo tenebra sucia.
En enero, todo quedó cubierto por un tufo putrefacto, ya no más viento sobre nuestras velas, en medio del mar nadie nos oía, nuestros días estaban contados, un animal indómito e impío se encaramó sobre la doncella, fueron tiempos de carencias dignas, nadie veía por la salud de los enfermos, los intereses descompuestos eran otros, desde entonces todo sigue igual.
Después llegaría en las elecciones, guerra sucia, delitos electorales, solicitud de firmas y de credenciales, acarreados vociferantes, montaje de escenario circenses, dispendio de recursos, desvió también, para eso querían al operador ahí, donde sólo debe estar el compromiso con los enfermos y los no enfermo, en manos de quienes está la salud quien decide sobre ella.
El desabasto de medicamentos, material de curación y de soluciones se tornó violento, me queje por escrito, de viva voz también, no agradó, ofendió, era sólo cuestión de tiempo. Llegaron por mí el 30 de noviembre, cambio de gobierno en la nación, coyuntura perfecta, me hicieron firmar, “no te conviene negarte”, “se te pueden cerrar todas las puertas”, me dijeron.
Me rescataron el otro día en una nueva institución, el Isssteson, “vendrán tiempos mejores, regresarás a un hospital”, recibí ánimo. Pasa el tiempo, lento, asfixiante, sofocante, hasta que al final llegó la sorpresa con su oleaje vivificador: “desde mañana dirigirás el hospital”. Un nuevo hospital, con la noticia llegaron sueños de mejora, hombro a hombro con los compañeros y compañeras, brindar el mejor servicio, formar profesionales responsables y cuidadosos con las vidas ajenas, tratar a la gente con respeto y con cariño. Pero el mal ya estaba ahí: ¿Sabes, quién es mi cuñado?, me preguntó el director saliente.
Entré un sábado a un hospital abandonado, en lo mínimo para trabajar con decencia, los trabajadores me hablaron de la falta de un líder, de la falta de rumbo, de carencias nefandas y de muchas cosas más. Las ideas y el entusiasmo bullían, pero el viernes próximo todo se desvaneció.
“Los juniors presionaron a la jefa para que te quitara”, “es un asunto personal, la traen contigo”, “no les ayudaste en campaña, parecías de oposición”, dicen que dijeron. Seguro van a poner alguien de su grupo, alguien a modo, a su estilo, no importará mucho sus capacidades, eso es lo de menos, será una designación negociada.
No ha faltado la gente bien intencionada que me ha dicho lo que piense, que no es bueno pelear con ellos, que son sanguinarios, que amenazan de muerte, que persiguen hasta el último aliento, incluso que asesinan o desaparecen. Sé que represente un riesgo escribir estas líneas, muchos o la totalidad de ellos se sentirán identificados si la llegasen a leer, si supieras leer, pero no debo callar, el silencio es de lo que se alimenta la impunidad, la corrupción, el abuso de poder y toda la porquería que los poderosos vierten sobre la gente de bien. Si hemos llegado aquí es por miedo a hablar, a denunciar los abusos y los delitos que cometen los privilegiados en un sistema social terrible en injusto ¿En manos de quién está la salud? ¿Quién decide sobre ella?

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