Politica Regional

Sorprendentes, por decir lo menos, fueron las declaraciones que hizo el candidato ganador en las elecciones para gobernador en el Estado de México, Alfredo del Mazo, a El Universal el lunes. Sus afirmaciones incluían juicios como “logramos recuperar el ánimo del partido”, “se comenzó a recuperar la confianza” y, lo más notorio, que el mensaje de las urnas el 4 de junio fue de “fortaleza” del PRI frente a las elecciones presidenciales de 2018… Varios integrantes del Consejo Político del Partido Acción Nacional de Cajeme, le acaba de proponer al Ing. Rodrigo Bours Castelo que acepte la candidatura de ese partido a la Alcaldía  para las elecciones del 201… En ese escenario, de aceptar esa propuesta, Rodrigo –también ha sido invitado por el mismito presidente del CDE de ese partido, David Galván–, prácticamente el PRI no tendría nada que hacer ni aun con la maquinaria de la compra y coacción del voto, relleno de urnas y robo de votos como ha sido su costumbre de siempre, facilito, el visionario empresario podría alcanzar los 100,000 votos y de paso arrastrar hacia la victoria a los tres candidatos a diputados locales y al federal. El tricolor tendría poca capacidad de maniobra como para repetir los 106,000 del 2012 cuando su candidato fue Rogelio Díaz Brown

Alfredo Del Mazo afirmó que ganó con una diferencia de más de 168 mil votos, que es casi 3% de la votación. Para el virtual gobernador electo, el PRI se vio sólido. Cómo llegó a esas conclusiones, no se sabe, y en la entrevista tampoco explica la contradicción entre sus dichos y los números absolutos de la elección. El PRI perdió un millón de votos en relación a la última elección estatal cuando Eruviel Ávila fue candidato. Aquí en Cajeme, en las elecciones municipales del 2015, el PRI perdió unos 50,000 votos con relación a la elección del 2012 cuando alcanzo unos 106,000. El PAN por si solo alcanzó casi los 50,000 pese a las artimañas electorales en contra.
El PRI tuvo alrededor de 56 mil votos menos que su adversaria Delfina Gómez, la candidata de Morena, y la victoria es atribuible a los partidos coaligados al PRI, el Verde, Nueva Alianza y Encuentro Social, que aportaron unos 125 mil votos que le dieron la ventaja por casi 3%. Sin alianza, Del Mazo habría perdido la elección. Aquí en Cajeme, sin los votos de la alianza con el Verde, el PRI habría obtenido 56,000, pero llegó a los 64,000 con los votos de la alianza, unos 8,000 de diferencia en total.
En términos de fuerza tricolor, Del Mazo –pésimo candidato, pero familiar de Peña Nieto– tuvo un millón de votos menos que los obtenidos hace seis años por el gobernador Eruviel Ávila, y debido a que el PRD no fue en alianza con Morena, evitó una paliza de 2 a 1. Las cuentas no reflejan nada más que el diagnóstico triunfalista dentro de la cúpula de poder priista en cuanto a sus alcances y posibilidades para 2018. Con o sin alianzas, el PRI no va a ganar ni con alianzas la elección federal del 2018.
El ánimo contagia al grupo en el poder. El domingo de la elección, el presidente Enrique Peña Nieto convocó a todo su gabinete y a los líderes parlamentarios para que lo acompañaran en el seguimiento de los resultados, que al comenzar la noche no pintaban bien y había malestar y algunos gritos, pero que se fue componiendo después de darse el conteo rápido, que cambió el humor.
Peña Nieto, como se reportó en este espacio la semana pasada, pedía que la arrogancia no los afectara, sugiriendo que habría que estudiar con detalle lo que había pasado para ajustar lo necesario en la ruta de las elecciones presidenciales del año próximo. Las primeras señales, una semana después, no las dio Del Mazo, aunque él ha sido quien las ha socializado. La señal sobre cómo terminó el análisis de lo que sucedió el 4 de junio en Los Pinos es un cambio de dirección a lo que al mediodía del lunes 15 de mayo, sucedió en la casa presidencial.
Ese día el presidente Peña Nieto convocó a los líderes de las bancadas en el Congreso, César Camacho, y el Senado, Emilio Gamboa, para que discutieran con su equipo la posibilidad de una reforma que permitiera la segunda vuelta en la elección presidencial. No se podría hacer en un periodo extraordinario, particularmente en el Congreso, donde Camacho explicó las dificultades que habría para sacarlo adelante.
Se propusieron dos rutas para alcanzar eso. Sembrar en la prensa un atajo legislativo para poder llevarlo a cabo dentro de los tiempos que marca la ley –toda reforma tendría que ser propuesta 90 días antes de que inicie oficialmente el periodo electoral–, y una negociación secreta con el PAN.
El Presidente le pidió al secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, su mejor constructor de acuerdos, hablar con el líder nacional del PAN, Ricardo Anaya, y plantearle esa posibilidad. La apertura del presidente Peña Nieto era extraordinaria, pues de manera sistemática, desde que era gobernador del Estado de México, se había opuesto a discutir siquiera la segunda vuelta. La idea prevaleciente era que esa fórmula perjudicaría al PRI, aunque en realidad todo indicaba lo contrario.
Una encuesta que realizó la empresa Buendía&Laredo luego de que el entonces presidente Felipe Calderón propusiera la segunda vuelta electoral, mostró que el partido al que más le beneficiaría la fórmula sería al PRI, que obtendría 5 puntos porcentuales de quienes apoyaron en una primera vuelta al PRD, al verde o al PT, contra sólo 2 que alcanzaría el PAN. El escenario planteado en el estudio demoscópico subrayaba una polarización entre el PAN y la coalición de izquierda de Andrés Manuel López Obrador, con beneficios directos para el PRI.
Aún con esos datos, Peña Nieto tenía una visión más conservadora, que fue cambiando este año y abriéndose a opciones para 2018, aparentemente ante la posibilidad de que al PRI no le fuera bien en el Estado de México y se tuviera que optar por una alianza con el PAN para 2018, para contener a López Obrador y Morena. Por ello surgió la convocatoria del 15 de mayo y el encuentro entre Videgaray y Anaya.
Como consecuencia de esa conversación, el PAN pidió a finales de ese mes “sacar de la congeladora” la iniciativa ciudadana sobre la segunda vuelta electoral que se había presentado en 2014, para que pudiera aplicarse en las elecciones presidenciales de 2018.
No se avanzó más en esa iniciativa por las dificultades expresadas por los coordinadores parlamentarios del PRI para procesarla durante un periodo extraordinario. Con ello se perdió probablemente una oportunidad histórica. En Los Pinos se enfrió la idea y Peña Nieto volvió a sus posiciones ortodoxas. Las declaraciones de Del Mazo son una indicación de ello. El PRI no necesita cambios en la ley, es la racional, porque podrá con quien se le ponga enfrente el próximo año. Al menos, es lo que hoy están diciendo. Anaya, en cambio, sigue en lo acordado con Videgaray.
Regresando a lo local, varios integrantes del Consejo Politico del Partido de Acción Nacional le acaba de proponer al ingeniero Rodrigo Bours Castelo que acepte la candidatura de ese partido a la Presidencia Municipal para las elecciones del 2018, y entre ellos destacan el Doctor Juan Manuel Villaburu, Beatriz López Otero, la maestra Ana Luisa Aguilar, Fructuoso Méndez, Manuel Borbón Holguin, Martha Patricia Espinoza, Héctor Rodríguez Camacho, así como otros militantes y simpatizantes como Terencio Valenzuela, Andrés Salas Sánchez, Julio Cabrían y otros cuyos nombres de momento se nos escapan.
En ese escenario, de aceptar Rodrigo Bours esa propuesta, quien también ha sido invitado por el mismito presidente del Comité Directivo Estatal de ese partido, David Galván Cázarez, prácticamente el PRI no tendría nada que hacer ni aun poniendo en marcha la sucia maquinaria de la compra y coacción del voto como ha sido su costumbre de siempre, como tampoco el nuevo partido MORENA, facilito, el visionario empresario podría alcanzar los 100,000 votos y de paso arrastrar hacia la victoria a los tres candidatos a diputados locales y al federal. El tricolor tendría poca capacidad de maniobra como para repetir los 106,000 del 2012 cuando su candidato fue Rogelio Díaz Brown.

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