Gana Trump, el muro y la división

7Cd. de México (09 noviembre 2016).- En una sorpresiva noche, el candidato republicano Donald Trump arrebató la victoria a la candidata demócrata, Hillary Clinton.
Contra todo pronóstico, el magnate alcanzó 276 votos electorales, tras conseguir la victoria en estados clave.
El reconocido sitio de predicciones electorales 538 otorgaba la victoria a Hillary Clinton en Florida, Wisconsin, Michigan, New Hampshire, Pennsylvania y Carolina del Norte. Sin embargo, el magnate consiguió la victoria en estas entidades.
En su discurso para agradecer la victoria a los estadounidenses, el magnate aseguró que gobernará para todos los estadounidenses, y llamó a los partidos republicano y demócrata a la unidad.
“Tenemos que unirnos, es hora de que nos unamos todos como pueblo.
“Me comprometo a ser Presidente para todos en Estados Unidos, pues eso es muy importante para mí. Para aquellos que escogieron no respaldarme en el pasado, les hablo a ustedes para (pedir) su guía, ayuda, para unificar a este gran país.
“Como lo he dicho desde el principio, la nuestra no fue una campaña, sino un increíble y gran movimiento, formado de millones de mujeres y hombes trabajadores que aman a su país y quieren un mejor futuro”, aseguró ante sus simpatizantes desde el Hotel Hilton de Nueva York.
Al inicio de su mensaje, el magnate confirmó que Hillary Clinton lo llamó para admitir su derrota en los comicios, rumor que sonaba desde minutos antes.
Una trayectoria atípica
El 16 de junio de 2015, unos minutos después de iniciar el discurso en el que anunció su campaña por la presidencia, Donald Trump cimbró las elecciones, al tachar a los mexicanos de violadores y delincuentes.
A partir de ese momento, rompió con todas las reglas de la política moderna estadounidense para alzarse con la nominación presidencial republicana y, esta noche, con la presidencia.
Hijo de una familia acomodada del condado neoyorquino de Queens, Donald era el descarado de la familia.
“Teníamos que calmarlo’’, decía su padre Fred, según cuenta Trump.
Siguió los pasos de su padre y se dedicó a los bienes raíces, pero no se contentó con Queens, como Fred, sino que se lanzó a la conquista de Manhattan y se hizo rico antes de cumplir 40 años.
A lo largo de los buenos y los malos tiempos y en más de una década de presentaciones del reality “The Apprentice’’, siguió haciendo negocios y los ingresos continuaron aumentando, lo mismo que las deudas y la publicidad.
Casado tres veces, es un hombre que admite vivir a lo grande y que presentó la opulencia de sus edificios como una metáfora de lo que puede hacer por el país.
Cuando Trump se sumó a la contienda ya había once republicanos aspirantes, y aún se presentarían cinco más.
Por entonces Trump lucía como una opción improbable para el viejo partido conservador.
Hillary Clinton, en cambio, entró en la batalla demócrata dos meses antes con un impresionante currículo y un alegre video de presentación que de inmediato la convirtió en la favorita para llevarse la candidatura de su partido.
Parecía encaminada a romper una barrera que no había podido superar en las primarias de 2008 contra Barack Obama, pero no fue así.
Pese a enfrentarse a rivales como Jeb Bush, Marco Rubio y Ted Cruz, Trump, con su combinación de traje y gorra roja de béisbol, fue quien mejor canalizó el descontento de muchos estadounidenses hartos de la política tradicional y se hizo con la nominación.
Tras hacerse con la candidatura republicana, Trump estuvo envuelto en todo tipo de escándalos.
Arremetió contra una familia musulmana estadounidense que había perdido a su hijo cuando servía en Irak y puso en duda la imparcialidad de un juez nacido en Estados Unidos con raíces mexicanas.
Clinton cometió sus propios errores.
La ex Secretaria de Estado tuvo problemas para explicar por qué había utilizado un servidor privado de correo y lo que el director del FBI describió como su gestión “descuidada’’ de información clasificada.
WikiLeaks filtró decenas de miles de correos de la campaña de Clinton, que según fuentes de inteligencia estadounidense habían sido pirateados por rusos.
Además, restó importancia a la mitad de los partidarios de Trump, describiéndolos como gente “deplorable’’ y “sin remedio’’, y sólo rectificó a medias cuando esas declaraciones se hicieron públicas.
En septiembre se la vio tambalearse tras asistir a un acto de recuerdo por las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001, lo que alimentó los interrogantes que plantea Trump sobre su vitalidad.
Después llegaron tres debates presidenciales.
Justo a tiempo para el segundo cara a cara estalló una nueva bomba: un video de 2005 en el que Trump básicamente admitía haberse propasado con mujeres.
Una serie de mujeres le acusó públicamente de actitudes sexuales no deseadas.
En el último debate, Trump se negó a comprometerse a aceptar los resultados de las elecciones, cuestionando las bases de la democracia.
Pero pese a todo ello, las fibras que había tocado con la población estadounidense que se sentía olvidada no dejaron de vibrar.

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