Politica Regional

4Explosión en Los Pinos: El 5 de junio fue un día de perros para el presidente  Peña Nieto. En dos momentos vivió la cara que ha sido la constante de su gestión encapsulada, y la de la realidad, imposible de ocultar y borrar por sus colaboradores. La primera cara, que ha definido su fantasía mexiquense, fue cuando al mediodía en la casa presidencial, durante una reunión con sus más cercanos para revisar cómo iba el proceso electoral de ese domingo, le decían que las cosas iban muy bien, que todo apuntaba para un buen resultado en los comicios por 12 gubernaturas… El PAN, la oportunidad y el descarrilamiento: Si los panistas quieren llegar bien al 2018, tienen que asegurarse que sus candidatos ganadores no sólo cumplan las promesas de campaña sino que gobiernen bien. Y ya no tienen el pretexto de que son novatos porque han gobernado en varios estados y dos sexenios a nivel nacional… Critica Elena Poniatowska falta de respuesta de la Gobernadora Claudia Pavlovich: Una amplia controversia en redes sociales provocó el texto que Elena Poniatowska publicó en su página de Facebook y donde refiere la falta de respuesta a su intento de hablar por teléfono con la mandataria priista!

Enrique Peña Nieto, de acuerdo con las reconstrucciones de esos momentos, se mostraba nervioso y escéptico por lo que le contaban. Pero insistían: “No te preocupes, las cosas van a salir bien”. En las manos tenían los datos del simulacro electoral que la noche previa les había entregado una de las empresas que contrataron para las encuestas de salida, que les daba la victoria ¡en 10 estados!
La segunda cara vino a terminar la tarde, cuando se sumó a una junta que se había programado para las cinco. Llegaron los secretarios de Gobernación, de Hacienda y de Educación –Aurelio Nuño era el responsable de las elecciones en la Ciudad de México y Veracruz–, que integran la presidencia tripartita. También el subsecretario de Gobernación, íntimo amigo de Peña Nieto, Luis Miranda.
El último, el subsecretario de Gobernación y experto en temas electorales, Felipe Solís Acero. Estaba convocada Alejandra Lagunes, la experta en redes sociales de La Presidencia, pero no llegó. Los detalles generales de esa reunión han sido apuntados esta semana por dos columnistas. El primero fue José Ureña, en su columna Teléfono Rojo, y el segundo, Carlos Loret, en Historias de Reportero.
Ureña escribió el martes: “Tarde dominical en Los Pinos el 5 de junio. El presidente… llama a su equipo más cercano. Los pronósticos no nos favorecen, dice un informante. Caras largas. Una y mil llamadas aquí y allá. Ningún reporte favorece. No hay datos concretos –reportan–, pero no vienen buenas noticias. Se deshace la reunión. Esperábamos lo peor, me dice uno de los asistentes a ese análisis. Y lo peor llegó”. Loret complementó el miércoles: “¿Cómo estuvo el presidente?, le pregunto a algunos testigos. Sereno, coinciden en contestar.
Durante la jornada, acudía constantemente a su teléfono para chatear y revisar internet. Describen a un espectador más que un protagonista. Un presidente que optó por esperar el resultado y no andar operando. De eso se encargaron, desde sus respectivas oficinas, Miguel Osorio Chong y Manlio Fabio Beltrones. Osorio, me dicen fuentes, instaló una especie de búnker para mantener el pulso minuto a minuto.
Beltrones diseñó un sistema piramidal que permitía rastrear la apertura de casillas, la movilización de sus militantes, las encuestas de salida, las irregularidades hasta los conteos rápidos y los resultados oficiales. Todo colapsó: las encuestas, los operadores, los gobernadores”.
Las ‘mil llamadas’ que mencionó Ureña se referían principalmente al constante contacto de Osorio, desde el salón de reuniones de Los Pinos, a la oficina de Beltrones en el PRI. Los datos que les daban sus encuestas de salida eran: Aguascalientes, cuatro puntos arriba; Durango, 10 puntos arriba; Veracruz, uno arriba; Tamaulipas 4.5 arriba; Quintana Roo, ocho arriba. Conforme se acercaba la noche, cerradas las casillas en la mayoría del país, el ánimo había cambiado, de acuerdo con la reconstrucción de las reuniones.
“Las caras eran largas”, dijo uno de los participantes, y ya se habían hecho varias recriminaciones, específicamente sobre algunos gobernadores, que decían habían trabajado en contra de los candidatos priistas, y de varios secretarios de Estado, por haber permitido que desde sus dependencias operaran electoralmente los panistas heredados de la administración anterior.
Cuando el presidente Peña Nieto llegó a la reunión, el estado de ánimo había pasado de la confusión y la sorpresa, a la indignación. Las encuestas de salida del PRI habían fallado en todo el país. Inclusive en los estados donde ganaron sus candidatos, los números no eran los que tenían. En Zacatecas les daban casi la mitad de lo que al final tuvieron en el PREP, mientras que en Hidalgo les daban el doble de cómo al final quedó la elección.
Sin embargo, de acuerdo con una de las fuentes que ayudaron a reconstruir esas reuniones, no se acusó a nadie enfrente de él, ni se pidieron destituciones. “No se habló de cambios en el PRI o en el gabinete”, insistió una de las fuentes consultadas cuando se le preguntó sobre lo dicho al presidente.
Peña Nieto estaba notablemente molesto con lo sucedido y preguntaba abiertamente al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, qué había sucedido. Ni él ni Beltrones ni nadie tenían respuestas. El presidente ordenó revisar lo que había hecho el gobierno y encontrar cuáles eran las razones del voto de hartazgo por las cuales los castigaron el domingo pasado. La revisión está en marcha. Sobre los resultados y las acciones correctivas, ya se verá más adelante si corrigieron y, si lo hicieron, cómo lo hicieron.
Hasta antes del domingo, la mayoría de los analistas —incluyéndome— pensaban que la elección presidencial de 2018 se polarizaría entre el PRI, la mayor fuerza partidista del país, y López Obrador, el candidato con mayor reconocimiento de nombre y popularidad en las encuestas. No contábamos con que, en los estados, el enojo ciudadano se canalizaría a favor del PAN, partido que tuvo un desempeño espectacular en las elecciones dominicales ganando siete de las 12 gubernaturas en juego. De esta forma, el PAN se encartó para regresar a Los Pinos en 2018.
El resultado favorable del PAN se explica por muchos factores: escogieron buenos candidatos, capitalizaron el enojo ciudadano de gobiernos ineficaces, autoritarios y/o corruptos, realizaron campañas con un mensaje claro en contra de la corrupción y, sobre todo, demostraron unidad partidista. Contrasta esto con lo que habíamos visto durante la última parte del sexenio de Calderón y los primeros años de Peña donde el PAN estaba muy dividido. Tan sólo recordemos que hasta el expresidente Calderón amagó con salirse del partido que trae metido hasta la médula.
Pues lo mismo podría sucederle a los nuevos gobernadores panistas: que resulten una decepción por incumplidos. O frívolos como el nuevo gobernador panista de Querétaro, quien se comporta como virrey priista al ausentarse de su estado para ir a ver la final de la Champions y celebrar al Real Madrid. O, peor aún, que acaben siendo de calidad inferior a la de sus antecesores en el poder. Tan sólo recordemos al panista Guillermo Padrés quien, como gobernador de Sonora, se enriqueció groseramente.
Si los panistas quieren llegar bien al 2018, tienen que asegurarse que sus candidatos ganadores no sólo cumplan las promesas de campaña sino que gobiernen bien. Y ya no tienen el pretexto de que son novatos porque han gobernado en varios estados y dos sexenios a nivel nacional.
El otro factor que podría descarrilar al PAN es la elección de su candidato presidencial. Hasta el domingo, Margarita Zavala llevaba una gran ventaja en las encuestas. Parecía la opción más natural. Pero Ricardo Anaya ha surgido como alternativa por la dimensión del triunfo dominical y el desempeño que tuvo en un debate con López-Dóriga en el que apabulló a Manlio Fabio Beltrones, uno de los políticos más sazonados del país.
Entre tanto, aquí en Sonora, una amplia controversia en redes sociales provocó el texto que Elena Poniatowska publicó en su página de Facebook y donde refiere la falta de respuesta a su intento de hablar por teléfono con Claudia Pavlovich Arellano. La escritora refiere que ha intentado hablar con la Gobernadora de Sonora para solicitarle una audiencia a la promotora cultural cajemense Irma Arana Rodríguez, quien desde hace varios meses ha intentado de manera infructuosa ser recibida por Pavlovich.
Pese a los intentos de la ganadora del Premio Cervantes, el “Nobel” de la literatura de habla hispana, no hubo respuesta por parte del equipo de asistentes de la mandataria sonorense, no se le concedió la llamada telefónica solicitada. Ante esa negativa Poniatowska publicó en su página de Facebook el siguiente comentario:
“Por más que intento hablar con Claudia Pavlovich, la gobernadora de Sonora, a través de su secretaria particular Anette Verdugo, resulta más inaccesible que Dios padre. Quería recomendarle la gran, la generosa tarea cultural que hace Irma Arana desde hace años en Ciudad Obregón, su tierra, pero la gobernadora no se digna tomarme la llamada”.
De inmediato la publicación de este breve texto suscitó una larga lista de comentarios, 93 hasta ahora, por parte de los “contactos” de Poniatowska. La mayoría de los comentarios son críticos hacia la gobernadora sonorense, aunque también hay los que defienden su postura o intentan justificarla; asimismo hay comentarios críticos contra Irma Arana.
Entrevistada al respecto la promotora cultural cajemense no quiso hacer ningún comentario, sólo dijo que esta semana tendría una reunión con Natalia Rivera Grijalva, jefa de la Oficina del Ejecutivo Estatal, la persona más cercana a la gobernadora Pavlovich.

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